La hermosa doncella miraba a la luna para no olvidar jamás la promesa hecha por su eterno amor, para recordar por siempre el momento en que el hermoso caballero le toma sus delicadas manos y le dice: Mi corazón, mi cuerpo y mi alma por siempre serán tuyos. Miraba con esperanzas la brillante luna con la esperanza de que este hombre no fuera una persona más en su vida, que no fuera el típico hombre que no cumple sus promesas, sino que fuera para siempre. Esperó por días a que ese amor volviera, esperó por meses a que su dulce caballero regresara; pero jamás volvió a sentir esa cálida piel sobre su cuerpo. "Eres un mentiroso" pensaba ella "Eres igual a todos", odiaba la idea de pensar de esa forma sobre tal hombre, pero sabía que no podía quedarse en el pasado. Comenzó su vida de nuevo, el mundo giraba, el trabajo y el hambre existía, sin embargo siempre en su mente rondaba la idea de enamorarse de otra persona.. ¿era capaz de eso?. "Dormir y no despertar hasta que él me bese, como lo hizo la Bella Durmiente" pensó ella, pero sabía que no era tan simple. Aburrida de la soledad de su casa, del trabajo que debía realizar sin ninguna recompensa y ese hermoso regalo que se había convertido en carga, decide escribir una carta: "Quizás nunca lleges a leer esto, pero siento la necesidad de escribirlo de todas formas, te amo y jamás lo dejé de hacer, espere por meses a que llegaras pero jamás lo hiciste, sin embargo, aún no pierdo las esperanzas en tí, sé que no eres igual a todos y que de alguna manera u otra, tarde o temprano cumplirás tu promesa", luego se quita su propia vida y a la vez la del que sería su primogénito; y así, tendida sobre la mesa, el corazón de la doncella deja de latir.
Era un hermoso día de nieve en el pueblo, se siente el trotar de los caballos, la desesperación y la angustia de un hombre arrepentido. Un hombre con unos ojos azules, cabello negro y con una apariencia de un verdadero principe, llega montado en la carreta jalada por dos hermosos caballos blancos; golpea una gran puerta de madera, pero al ver que nadie atiende, decide derribarla y entra. El hermoso caballero se encuentra con una mujer tendida sobre una mesa de madera, con un cuchillo enterrado en el vientre y una carta ensangrentada a un costado, se acerca hacia la doncella y se dispone a leer la carta; luego de leer tales palabras, el hombre arrepentido y agobiado por la pena y la desesperación, saca el cuchillo del vientre de su amada y, imitando el acto del encantador Romeo, decide quitarse la vida para poder reencontrarse así con su princesa y el que sería su hermoso hijo.
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