sábado, 12 de junio de 2010

Ellos y tú

A veces pienso que las cosas de verdad no tienen vuelta atrás, que de verdad las cosas no tienen solución, ¿Por qué ese afán de que todo siga igual? por qué no podemos avanzar en nuestro desarrollo hasta un futuro mejor. Hay veces en las que me gustaría desaparecer de todo este desastre que es el mundo, irme y no volver nunca más. Sé que mis comentarios son bastante pesimistas, pero ¿qué cosas buenas veré si nada es hecho de manera pura? todos, o casi todos, actúan por interés propio y de nadie más. Hace unos días me propusieron participar en un concurso, el tema: "La ciudad urbana contemporánea", lo primero que se me pasó por la mente fué el interés, el egoísmo, la discriminación, la maldad, la venganza.. ¿es mi culpa sólo pensar en esas cosas, siendo que es lo que veo día a día? cada semana veo algún acto que me evidencia aún más lo inútil que es esta sociedad. Pero el ser realista no me impide ver lo bello de este mundo, lo hermoso que es caminar por el parque y observar todo ese verde junto y toda esa naturaleza, lo lindo que es sólo sentarte en un lugar lindo y escuchar la música que te gusta; son cosas simples las que te hacen feliz, no tienes por que aprovecharte de los demás. Es necesaria una catástrofe para darse cuenta de que hay que cambiar, pero ¿cuántos lo hacen? ninguno.

Sé que tú eres diferente, sé que tú si eres capaz de ver lo bonito del mundo; eres tú quien es capaz de llenarme completamente y eres tú quien me hace feliz porque eres una persona que es un aporte al mundo, somos la máxima expresión de amor, vida mía, por hoy y siempre seremos la excepción a toda regla que riga este mundo, el destino no tiene poder sobre nosotros, sólo tú y yo seremos dueños de nuestros destinos y del destino del otro. ♥

miércoles, 2 de junio de 2010

Materialismo Sísmico

Durante siglos se enseñó a los chilenos que, en caso de terremoto, el lugar más seguro de la casa estaba bajo el dintel de una puerta. La mejor prueba eran las escasas fotografías del sismo de Valparaíso de 1906, donde lo que quedó en pie de un edificio, un teatro o una casa, fue el marco de la puerta.

Durante décadas la descripción de un maremoto vino de la literatura de ficción: el mar se retiraba lentamente, se distinguía el fondo marino y los peces desprevenidos morían saltando. El mar se recogía para tomar impulso y lo que volvía a la costa era una ola gigantesca y furiosa, que se veía a lo lejos.

Nada de lo enseñado o imaginado era cierto.

¿Qué es lo cierto?

Lo cierto es que la llamada sismología es una patraña que se viene abajo con cada terremoto y sólo los oscuros intereses de la ciencia permiten que exista.

Sólo de una cosa están seguros estos académicos del tres al cuatro: no saben nada.

Estos ignorantes nos han dicho al oído y han escrito, con un saber fatuo, que el tiempo no tiene nada que ver con los sismos. Y los meteorólogos, esas nanas de la ciencia o esos juniors porfiados de lo imprevisible, lo han repetido miles de veces.

La sabiduría popular, que es la única y verdadera ciencia, cree que las lluvias, los astros y la Tierra están conectados de manera secreta y ancestral, por vínculos que el hombre jamás descubrirá. Menos los sismólogos. Jamás los meteorólogos.

Aquellos que piensan que los fenómenos atmosféricos y sísmicos carecen de vínculos son los mismos que leyeron una carta en El Mercurio de Valparaíso, y no sólo no le hicieron caso, también se mofaron e incluso se levantaron contra el firmante:

“Pronóstico sobre fenómenos atmosféricos:

La Sección de Meteorología de la Dirección del Territorio Marítimo ha pronosticado fenómenos atmosféricos y sísmicos para el día 16 del presente mes, basada en las siguientes observaciones: el día fijado habrá conjunción de Neptuno con la Luna y máximo de declinación norte de ésta.

A causa de estas situaciones de los astros, la circunferencia del círculo peligroso pasa por Valparaíso y el punto crítico formado con la del Sol cae sobre las inmediaciones del puerto.
Cap. Arturo Middleton

Valparaíso, agosto 6 de 1906”

Los días posteriores fueron terribles para el capitán, acusado de oscurantista e ignorante.
Esto se escribió: “¿Acaso no frecuenta ese capitanejo a esas niñas ociosas y buenas para nada, que dicen hablar con los fantasmas en su casa de espíritus: las Morla?”

Esto se dijo: “No me parece razonable que la Armada tenga en sus barcos a un capitanucho que pretende leer la línea del futuro y que está caro para ver las líneas de una mano”.

Cinco para la 8 del jueves 16 de agosto, a diez días de la carta, los del plan de la ciudad escucharon un retumbar de truenos y los del cerro el mugido de un tren: era el terremoto de 1906.